El Pais Semnal January 1997

Presenta un mundo artificial poblado de colores chillones, de elementos kitsch, de dimensiones trucadas y perspectivas irreales. En sus escenografías coloca con desparpajo a actores famosos, músicos o artistas. Estrellas que dejan la sobriedad de otras sesiones para entrar en el juego y prestarse a aparecer chorreando de nata, rodeados de salchichas, acompañados de inmensos labios rojos, vestidos de colores chillones o encaramados a setas gigantes. El objetivo de David LaChapelle es retratar a cada uno de sus modelos, pero no tratando de captar una sutil mirada o un gesto inconfundible, sino amueblando un mundo imaginario de objetos y fetiches que desvelen certeramente su personalidad. Son retratos amueblados. "Trato de hacer fotografías que no haya visto nunca antes" asegura LaChapelle. Y no es fácil encontrar en el panorama fotográfico actual nada que se parezca a sus imágenes alocadamente barrocas.

LaChapelle lo reconoce: le gusta crear la belleza en su estudio, no encontrarla fuera de sus paredes. Pero no utiliza la artificialidad para engañar, sino para desnudar. Cada retrato de LaChapelle es una reconstrucción sarcástica y desmitificadora de la cultura pop y basura de Estados Unidos, desde los burger king hasta los inmensos y alienantes malls: los inmensos centros comerciales que pueblan y monopolizan la vida en las ciudades; desde actrices del cine porno hasta actores del brat-pack.

Son muchos los que han desfilado por su lente y han entrado en su tierra: Drew Barrymore reconvertida en camarera provocativa, Leonardo DiCaprio en pose de Jesucristo, Jim Carrey a punto de casarse en el más puro estilo hortera Las Vegas. Tom Jones vestido de rosa, David Bowie junto a clones andróginos de David Bowie.
Cada toma de LaChapelle sugiere una historia, como si se tratara de la foto fija de una película surrealista que nunca se llegó a rodar. En todas sus imágenes transcurren hechos aparentemente imposibles. Y aunque a primera vista muchos piensen que LaChapelle se sirve de ordenadores para manipular las imágenes, todas son construcciones verdaderas. Para él, lo más importante es que esos escenarios existan en la realidad, aunque sea por un breve espacio de tiempo, y no que se creen en una pantalla. "Hacer fotografías es un escape, y me gusta que sean una suspensión temporal de la realidad".

Una de las primeras fotografías que recuerda haber visto en su vida es una imagen de Ursula Andress enfundada en su mítico biquini blanco junto a 007. La primera foto que hizo LaChapelle, cuando tenía siete años, fue de su madre, en un biquini idéntico al de la Andress, apostada en el balcón de un hotel de Puerto Rico. Era el año 1970. Y como a su madre le gustó el juego, comenzó a construir escenografías para que el pequeño David experimentara con su familia. A los 15 años, LaChapelle se mudó a Nueva York. Tras tres años dando tumbos entre escuelas de arte y trabajos como dependiente de Kentucky Fried Chicken, conoció a Andy Warhol, que le invitó a trabajar en la revista Interview.

A partir de ése momento, la carrera de LaChapelle se ha desarrollado en publicaciones como Details, The Face, Vogue o Vanity Fair. "Mi meta es que la gente recorte mis fotografías de las revistas y las coloque en el refrigerador. Siempre he pensado en las revistas como si fueran una galería, y en el refrigerador como un museo". Sin embargo, nadie se atreverá a recortar las páginas de LaChapelle Land, un hermoso libro antológico que reúne parte de su producción: la publicada en las revistas de la que es habitual colaborador y algunas sorpresas inéditas. Son más de 150 imágenes. Para atisbar a gusto en un mundo que rezuma ironía.

Texto Claudia Larraguibel

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