Cosas January 21, 2015

La primera vez que David LaChapelle apretó el obturador de una cámara tenía 6 años 1969 y esa fotografía -hoy perdida- marca el inicio de un apasionado idilio entre un hombre y la imagen. Ya de adolescente, cuando David cruzaba la cafetería de su escuela en Carolina del Norte, tenía que esquivar frutas, cajas de leche y otros objetos que sus compañeros le arrojaban. Entonces no existían campañas contra el bullying, y seguramente no ayudaba que el excéntrico y precoz David fuera vestido a clases como un vaquero, con botas y camisa rosada. LaChapelle tuvo claro que era gay desde sus primeras fantasías sexuales, saturadas y surreales, si tomamos su fotografía como referencia. Escapaba de los insultos y las burlas refugiándose, literalmente, en el arte: los salones dedicados a las actividades artísticas ahuyentaban a sus enemigos y eran, a su vez, un escondite donde se fomentaban otras formas de expresión.

Pero la escuela era para niños. A los 15 años, David dejó las aulas y se fugó a Nueva York. Mintió sobre su dad consiguió un trabajo como mesero en el mítico Studio 54, donde se sentía tan a gusto como a disgusto en el colegio. Allí era alguien, y allí lo querían precisamente por la misma razón por lo que sus compañeros de clase lo odiaban: por ser auténtico.

Claro que la vida no era fácil. Con falso pudor, LaChapelle frecuentemente intenta minimizar esa etapa de su historia en las entrevistas que concede, pero es de dominio público que recurrió a la prostitución (esperaba a solitarios y adinerados caballeros fuera de los locales gay del East Side) para pagar la renta o, incluso, comer una cena decente. Poco tiempo después, cuando LaChapelle caminaba peligrosamente por el lado salvaje, su novio murió de sida, una enfermedad que entonces había cobrado pocas víctimas y que era conocida como el "cáncer homosexual". "Había tanta paranoia", recuerda David. "Todo el mundo piensa que los ochenta en Nueva York fueron maravillosos, pero teníamos una gran nube negra sobre nosotros. Era como una Guerra: veías morir a tus amigos de uno en uno". Entre esos amigos se encontraban los artistas Keith Haring, quien murió de sida en 1990, y Jean-Michel Basquiat, muerto a causa de una sobredosis de heroína en 1988.

A los 17 años, LaChapelle conoció a Andy Warhol, su mentor y evidente fuente de inspiración. Warhol le consiguió un trabajo como fotógrafo para la prestigiosa revista "Interview", y quizá fue eso lo que salvó al fotógrafo de "la gran nube negra". A partir de entonces, las fotografías de LaChapelle, cargadas de motivos religiosos y referencias al arte clásico, aparecerían en las portadas de las principales revistas de moda y entretenimiento.

Con el tiempo, y a medida que ganaba fama, LaChapelle consiguió inventor el fenómeno "paparazzi": las celebridades se abalanzaban sobre el fotógrafo exigiendo ser inmortalizadas por su lente. En imagines que ya son clásicos modernos, Angelina Jolie se deja lamer los pechos por un caballo, Naomi Campbell arroja leche sobre su cuerpo y Courtney Love carga en brazos a un doble del difunto Kurt Cobain en una imitación kitsch de la "Pietá" de Miguel Ángel. La lista de celebridades que querían verse a través del lente de LaChapelle podría llenar esta página. A tal punto llegó el fetiche por quien ya era conocido como el "Fellini de la fotografía", que LaChapelle tuvo que ser internado en el pabellón psiquiátrico del Hospital St. Vincent de Los Ángeles luego de sufrir un surménage y cantar "Amazing Grace" a grito pelado y vistiendo solo una bata en el lobby de un hotel ante la Mirada atónita de otros huéspedes.

En 2006, LaChapelle decidío recluirse en una casa en Maui, a tres horas por carretera del poblado más cercano. Su idea era alejarse del estrés de Los Ángeles y dedicarse de nuevo a las fotos artísticas, así como renunciar a la fotografía comercial y de celebridades, un rubro en el que había marcado el estándar de calidad durante los últimos veinte años.

La muestra que organiza el MAC nos permitirá ver el conjunto de todos sus periodos, descubrir las influencias que habitan en las explosivas, recargadas y socarronas impresiones de LaChapelle. Hay mucho surrealismo ("si quieres realidad, toma el autobús" es una de sus frases célebres), algo de Dalí y de Koons, pero al mismo tiempos, mucho de Caravaggio y de Miguel Ángel, de Cindy Sherman y de su venerado Warhol. Su obra es un compendio de lo kitsch y de lo pop, una oda a la voluptuosidad y una crítica al consumismo, y así como adorn alas páginas de revistas como "Rolling Stone", "The New York Times" o "Vogue", podría perfectamente ilustrar los dos tomos de la famosa obra de Oswald Spengler, "La decadencia de Occidente".

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